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miércoles, 15 de abril de 2020

Nota triste (3)


Fue Marco Tulio quien me recomendó que leyera a Fonseca. “Pensé que lo conocías -dijo-, escribes como él. Tienes que leerlo, te va a gustar”.

Pienso que el gusto por la lectura, en general, y por la obra de un escritor o una escritora es resultado de un accidente afortunado. Por ejemplo, comencé a leer a Laura Restrepo porque un día me encontré con La multitud errante y las dos primeras líneas fueron suficientes para comprar el libro: “¿Cómo puedo yo decirle que nunca la va a encontrar, si ha gastado la vida buscándola?” Luego leí La novia oscura y quise leer más (hasta que su estilo comenzó a parecerse al de Saramago). ¿Quién podría predecir el feliz hallazgo? Otro ejemplo: Dafne desvanecida de José Carlos Somoza me encantó y me obligó a leer a Ovidio, pero quién podía anticipar la magia del libro que adquirí por $30.00 pesos en la mesa de saldos. La insoportable levedad del ser en un puesto de periódicos me llevó a La broma y El libro de la risa y el olvido, y Kundera me llevó a estudiar lingüística y literatura. Salvo excepciones, los títulos recomendados se agradecen, se disfrutan y se acomodan en el librero. La literatura de Rubem Fonseca es una de esas excepciones.

Me quedo con Ella y otras mujeres porque fue el primero que leí, porque fue deslumbrante, porque era un momento en el que pretendía inteligir lo incomprensible, trazar la cartografía del misterio y palpar los confines del infinito; sus páginas estaban repletas de símbolos que hacían sentido al contacto con mis ojos. El drama de habitar un mundo -plexo de contradicciones- se revelaba entonces entre un erotismo crudo, una violencia impúdica y un desencanto natural. “En la cama no se habla de filosofía” es la oración que abre y cierra el relato de dos páginas que da título al libro.
Ella respondió que Nietzsche dio que la misma palabra amor significa dos cosas diferentes para el hombre y para la mujer.Para la mujer, amor expresa renuncia, dádiva. En cambio el hombre quiere poseer a la mujer, tomarla, a fin de enriquecerse y reforzar su poder de existir.
Decir que escribo como él fue, es y será un exceso. Cuando yo nací, él publicaba un cuento sobre la navidad que nada tiene que ver con mensajes de paz y amor. Y mantuvo siempre esa vitalidad, esa pasión cruel, esa precisión devastadora, esa mezcla exacta de ironía, humor negro y mordacidad. Dueño de una prosa tan seductora como capaz de llevar al estremecimiento, Rubem Fonseca decía en Amalgama que escribir
es urdir, tejer, zurcir palabras, no importa si es una receta médica o una pieza de ficción. La diferencia es que la ficción consume cuerpo y alma. La poesía también podrá incluirse aquí, si los poetas no tuvieran pacto con el diablo.El narrador mientras mejor es, peor le va, sufre más, después de algún tiempo no soporta el ahogo.
Me enteré, esta mañana, que ha muerto, a los 94 años, en Río de Janeiro. La nota periodística se refiere a su literatura con las siguientes palabras:
Las obras de Rubem Fonseca generalmente retratan, en estilo seco, áspero y directo, la lujuria sexual y la violencia humana, en un mundo donde marginales, asesinos, prostitutas, delegados y pobres miserables se mezclan.
Es correcto.

El próximo 11 de mayo hubiere cumplido 95. No llegó.

sábado, 28 de marzo de 2020

Nota triste (2)


Lo supe en la madrugada. Alrededor de la una, cuando leí en las redes sociales una publicación de Víctor Toledo, profesor y amigo. “Que descanse en paz… pero que siga escribiendo”, algo así decía, palabras más, palabras menos. Me resistí a creer. También me resistí a preguntar.

A las 3:36 recibí la confirmación de la triste noticia desde su propio teléfono celular. Por más que pareciera una broma de mal gusto no había, ya, manera alguna de negar el hecho.
La velación del Mtro. Roberto Martínez Garcilazo se realizará hoy. La capilla estará disponible a partir de las 8 de la mañana…
El mismo mensaje me llegó al clarear desde el teléfono de Pipis, su esposa. Sorprendido y desconcertado alcancé a responder que me dolía enterarme y precisamente ese dolor me unía a ella y a su familia. No era poca la sorpresa, no menos el desconcierto. Hacía unos meses, antes de concluir el 2019, asistí a un curso que impartieron ella y él. Ella abordaba aspectos pedagógicos, él, literarios. Ostentaba su erudición con elocuencia, muy a su estilo: sin dar concesiones.

Lo conocí en la Facultad de Filosofía y Letras. Compartimos algunos cursos y era cuestión de tiempo para coincidir en algunos proyectos. Cuando fue director de la Casa del Escritor me invitó a impartir un taller de redacción. El espacio fue un lugar de encuentro que me permitió conocer a muchas personas interesantes: tesistas desesperados, investigadores en busca de inspiración, secretarias, guionistas, amigos y amigas. 

Hicimos radio. 

Presentamos libros. 

Coincidimos en espacios académicos y homenajes a poetas y narradores.

Hubo una temporada en la que su columna periodística y la mía compartieron páginas en periódicos locales. Yo fui perdiendo con el tiempo el gustó por las reacciones de los lectores anónimos, a veces con tono de advertencia, a veces con tono de amenaza (y eso que hace años no era mal visto, como ahora, tener una opinión). El continuó y de cuando en cuando me enviaba en PDF su columna por WhatsApp. También por WhatsApp y en PDF me compartió su tesis doctoral.

Alguna vez tomé un curso que impartió sobre Narrativa autobiográfica en la educación, o sea: el diario del docente. El recorrido comenzaba con el diario en la filosofía antigua, seguía con la escritura personal en los místicos y religiosos medievales, avanzaba entre las reflexiones de escritoras y escritores para cerrar dando voz a los pedagogos. De este modo, el potencial de este dispositivo educativo quedaba más que claro. No fuimos muchos los asistentes; quienes no llegaron se lo han perdido para siempre.

De sus libros tengo todos. Desde Lumbre obscura hasta Nubes, olas, sombras. Este último está integrado por dos partes: un canto amoroso a la mujer, su esposa, y una profunda elegía, a su padre. 

De la primera parte Voluntad, representación, llama del amor transcribo el primer poema:
Amo del mundo lo que tú tocas, lo que miras
Los días dorados del presente
Los frutos de la eterna vid que tu cultivas
Amo esta vida
que no alcanza para contener el lagar inmenso
¿A dónde irá el amor
-el mosto, el vino-
cuando se rompan los vasos de barro de los cuerpos?
¿A dónde irán estas palabras después que leas?
Amo la vida fugaz que tú animas.

Y de la segunda parte, En el nombre del padre, copio solo un verso:

La muerte es una forma misteriosa del recuerdo.

Hace un mes cumplió 60 años. Hoy el páncreas lo ha puesto delante de lo sublime y "su terrible misericordia".

lunes, 17 de junio de 2019

Los días inútiles

Hace unos tres años, días más, días menos, publiqué en este blog una entrada titulada Coincidencias en la que refería mi encuentro con los libros de Rodolfo Naró. Pues bien, hoy compré Los días inútiles (México: Planeta, 2019). Entre los libros referidos anteriormente y éste habrá que incluir Un corazón para Eva.
Esta nueva edición de Los días inútiles -dice el autor en el prólogo- recoge mis primeros poemas, escritos entre 1985 y 1995, muchos de ellos inéditos y  rescatados de viejas libretas de estudiante. Intenta ser un libro lúdico y didáctico".
Después de la buena recepción que tuvo Un corazón para Eva entre jóvenes, es probable que esta travesura literaria y comercial consolide su base de lectores y renueve el interés por la escritura como expresión poética de sentimientos profundos y preguntas ineludibles. "¿Cómo decirte que te amo / y no perderte para siempre?" (pág. 144)

* * * 

Mientras leo me pregunto si yo sería capaz de hacer públicos los textos que reposan en viejos cuadernos. Quizá no.

lunes, 5 de febrero de 2018

Biblioteca de imprescindibles

El otro día me preguntaron cuáles serían los diez libros que me gustaría que todos mis alumnos leyeran. Comencé diciendo: el Cantar de los cantares (y también el Apocalipsis), Las Metamorfosis de Ovidio, las Cartas de Abelardo y Eloisa, Algunas Jarchas y las Coplas de Manrique a la muerte de su padre (alguien debería enseñarnos a escribir elegías, ya lo dije en otra parte).
Luego podrían ser Pablo y Virginia seguido de Madame Bovary.
O El periquillo sarniento, Santa y Pedro Páramo.
Para los poblanos El manifiesto estridentista, desde luego (y Tabaco para el puma de Juan Hernández Luna).
El libro de la risa y el olvido de Milán Kundera, El amor en tiempos de cólera, Los pasos perdidos de Alejo Carpentier.
Teresa filósofa, una del marqués de Sade e Historia del ojo de George Bataille (no por morbo, sino por cultura general).
Son ya más de diez y dejé fuera la Iliada, la Eneida, los Diálogos de Platón sobre el Amor, a Dionisio de Halicarnaso, a Juan de Yepez y a Teresa la grande.
Habría que incluir, llevados por la prisa, los Ocho siglos de poesía...
No se cuál quitar, pero sería importante incluir la Llama doble de Octavio Paz, Conversación en la Catedral de Vargas Llosa y Rayuela de Cortazar. La Feria de Arreola y Primavera con una esquina rota de Mario Benedetti.
No pueden quedar fuera los cuentos de Francisco Tario, ni los libros de Ibargüengoitia (a elegir entre La ley de Herodes, cuentos, y Las muertas, novela). Tampoco al ironía de Salvador Novo, Carlos Monsivais y Germán Dehesa.
El ensayo mexicano moderno de José Luis Martínez (volumen I) y Pensar el ensayo de Liliana Weimberg.
Historia de la pedagogía de Abagnano y Visalberghi, Pedagogía del oprimido de Paulo Freire y Estructuras de la mente de Howard Gardner.
La realidad oculta de Brian Green.
Diario de un seductor de Kierkegaard, el Tractatus logico-philosophicus de Wittgenstein y sus Investigaciones filosóficas. Totalidad e Infinito de Levinas.
El Curso de Lingüística general de Saussure, Sausssure: de ahora en adelante de Rastier y Las cosas del decir de Calsamiglia.
Diarios de Salvador Elizondo, Diarios de Anaís Nin, Los diarios de Emilio Renzi de Piglia.
La elegancia del erizo de Barbery, Jesús me quiere de Safier y Crónica del pájaro que da cuerda al mundo de Murakami...
El cazador de tatuajes, Terciopelo violento y La hora ciega de Juvenal Acosta.
La amante del ghetto de Pedro Ángel Palou.
La lista puede seguir, pero hay que depurarla porque la pregunta requería como respuesta sólo diez.

domingo, 18 de junio de 2017

Persuadir

Dice John Baldoni que un buen lider debe convencer a los miembros de su equipo y para ello debe utilizar argumentos que apelen a hechos sólidos. Según él, hay que apelar a la inteligencia, en primera instancia, y luego hay que apelar al corazón, porque a veces las razones no bastan para cambiar.

¿Y qué decir? Que si un equipo no persigue el mismo objetivo no es equipo, es un grupo de gente, un colectivo, un montón de humanos compartiendo el espacio (y quizá cobrando por ello un salario). Son las interacciones que se producen mientras se realiza una tarea las que construyen al equipo.

Por otro lado, más que una oposición entre mente y razón, hay que entender que existen dos formas de procesamiento intelectual: el lógico y el heurístico. Para quienes han desarrollado el primero, la inteligencia les permite identificar premisas, atender a la ley de paso, justificación o autoridad, razonar para llegar a conclusiones aceptables, no sin antes ejercitar la contraargumentación. Llegado a este punto, saben que hay que hacer "lo lógico".

Sin embargo, quienes sobreviven con el pensamiento heurístico, propenso al estereotipo y la lectura superficial del mundo, se dejan seducir por la frase bonita. Los mueve la consigna y quizá por ello hablan de la calidad y la calidez, la forma y el fondo, los retos y las perspectivas. Siempre están ocupados, no preocupados, faltaba más.

A los cerebros heurísticos no hay argumento válido y verdadero que los mueva (exagero, desde luego). La lógica no los convence. Las descripciones y explicaciones los enredan. Y se refugian en el reduccionismo. Prefieren las capsulas ideológicas que la crítica (cosa que por compleja resulta difícil cuando no agresiva. (Simplifico al extremo, obvio).

¿Es entonces cuando hay que apelar al corazón? Pienso que no. ¿Para qué?

Como dice Michel Hyatt, "seguimos siendo primates". O sea, si en el equipo hay alguien que no entiende razones, no hace falta sobarle los sentimientos, hay que darle banana. Y ya.


viernes, 23 de septiembre de 2016

Coincidencias

Lo que uno encuentra en el mundo real, también está en la red. Durante los últimos años internet me ha permitido conocer a personas muy interesantes. En la mayoría de los casos ha sido una cadena afortunada de accidentes: un hallazgo lleva a otro y así.

1. Hace unos quince años, más o menos, conocí en una sala de chat de Starmedia a una entrañable amiga. Durante mucho tiempo intercambiamos poemas. Ella tuvo la iniciativa y el 23 de septiembre de ese año me envió un correo electrónico con un poema de Elías Nandino, “Eternidad del polvo”, si la memoria no me falla. No fue extraño si pensamos que la noche anterior estuvimos hablando de si los amorosos están solos (cada uno por su lado) o solos (juntos y al margen de todo), discutimos si debíamos o no canonizar a las putas y cosas por el estilo.

2. Cada poema nos llevaba a la vida del poeta, su época, su estilo. La imagen, el ritmo, la idea que provocaba. Pronto me vi buscando más poemas de Nandino. Llegaron a mis manos además de Eternidad del polvo, Cerca de lo lejos, Ciclos terrenales, Erotismo al rojo blanco. Me leí la biografía novelada de Enrique Aguilar y la autobiografía, a manera de réplica, Juntando mis pasos.  Sin ir más lejos, el mes pasado compré el libro de Lilia Solórzano Esqueda, Elías Nandino, Entre la convicción y el temblor... Cuando inicié la licenciatura en Literatura creí que los alburemas serían un buen tema de tesis, luego me dio flojera y me titulé por promedio.

3. Un día, buscando en la librería algún otro texto de Elías Nandino me encontré un ejemplar de la primera edición de Del rojo al púrpura. Poemas de amor y piel, de Rodolfo Naró (2000). El título me hizo recordar al del libro que contiene los alburemas y picardías de Nandino. De los primeros, el que sigue:
Al no dar con la entrada, 
entré por la salida.
Pero esto no importa 
porque cualquier camino 
conduce a la avendia.
De las otras,
Vamos jugando el cuerpo 
en el cubilete: 
el que pierda lo pone 
y el que gane lo mete.
No tuve que llegar a la página 105 del libro de Naró en la que se encuentra un poema titulado “Erotismo al rojo blanco” dedicado a Nandino, el indicio se confirmó cuando en la cuarta de forros leí que “Rodolfo Naró (Tequila, Jalisco, 1967) fue uno de los últimos alumnos del maestro Elías Nandino”. La poesía del discípulo era alegre, juguetona y divertida. Por instantes aforística, como cuando dice “En el fondo del corazón / siempre hay una mujer”, en general iluminada por un erotismo sin rubores, como en “Anatomía del placer”:
Qué placer 
el placer del pecado 
Senderos de tierra caliente, 
Vergel de sexos inchados, 
Prohibida pasión, 
Climax de deseos inconfesados.
4. Durante la fiebre del blog, encontré en algún blogroll La columna chueca, el blog de Rodolfo Naró, del que me hice seguidor. Luego, pasados los años, nos fuimos al Twiter y al Facebook donde lo sigo leyendo.



5. Con el tiempo se reunieron en mi librero Amor convenido (1999), Árbol de la vida (2001), El antiguo olvido (2005), El orden infinito (2007, 2015) y Cállate Niña (2011). Y desde hoy, Lo que dejó tu adiós (2016), un recuento donde los alburemas no pueden faltar.

sábado, 20 de agosto de 2016

Nota triste (1)

Hoy me levanté tarde y la primera noticia que recibí fue la terrible muerte de Nacho Padilla... Un maestro de estilo, una inteligencia como pocas, un grande que no conoció la soberbia. Un tipo amable y generoso: gracias a sus recomendaciones descubrí la genialidad de algunos escritores que para mí eran sólo nombres... 


¿Por qué?, Nacho. Era cuestión de tiempo para que tu nombre apareciera entre los candidatos al Nobel y, antes, mucho antes, al Cervantes...

Con Nacho tomé un taller no curricular de reseña crítica en la Universidad de las Américas. En ese tiempo, Pedro Ángel Palou era rector y la institución tenía entre sus proyectos una revista que desde el primer número reveló sus pretenciones. Fuimos varios los compañeros leyendo lo mismo a Saramago que a Javier Marías y García Márquez, formulando juicios, escribiendo... 

Una tarde dijo:
-Me gustaría que reseñaras la nueva novela de Jorge Franco Ramos.
Salí corriendo a la librería y compré Melodrama
Lo leí. La reseña apareció en Revuelta.
Pero no es del autor de Rosario tijeras y Paraíso travel de quien quiero hablar, sino de Nacho, a quien en estas horas quienes lo conocimos repetiremos como un lamento que lo vamos a extrañar. Y sí, sentiremos su ausencia (y nos dolerá, a unos menos a otros más).

Su prosa sorprende por la riqueza léxica y su habilidad discursiva. Era genial, divertido... Algunos de sus libros tienen su autógrafo. Están en mi librero los mismo sus novelas que sus ensayos y textos infantiles, pero la obra que más me gusta es Heterodoxos mexicanos, un libro extraño en el que conversa con Rubén Gallo sobre algunos textos raros. 


¡Cuánta razón!, Nacho... a los mexicanos nos falta el wit inglés (y tú lo tenías, caray).

miércoles, 20 de julio de 2016

Hallazgo

Sigo leyendo los diarios de Julio Ramón Ribeyro. El 30 de septiembre de 1955 escribió:

Creo haber encontrado la razón intrínseca de los diarios íntimos: tenerse a uno mismo como interlocutor.

Tiene razón.

domingo, 17 de julio de 2016

Las buenas preguntas no admiten respuestas fáciles

Estoy disfrutando mucho la lectura de los diarios de Julio Ramón Ribeyro. Me resulta simpático e, incluso, empático. En alguno de sus cuadernos escribió "es extraño: he notado desde algún tiempo que he perdido mi capacidad para enamorarme".

Y es que enamorarse no es fácil. O sí, pero no.

¿Conservo la capacidad de enamorarme? Las buenas preguntas no admiten respuestas fáciles. Se antoja, cosa que no haré hoy, aventurar una definición de amor o al menos una metáfora. Diré, sí, que viene a mi mente una conversación con mi amiga Lesbia:

-Enamorarse es difícil porque con los años se agranda el egoísmo- sentenció ella hace más de veinte años cuando yo aún buscaba trascendencia detrás del deseo...

Le he perdido la pista (espero que esté bien).

-Lo que pasa es que con la edad te vuelves más exigente- me ha dicho un par de ocasiones Eloína y quizá tenga razón. Pero, ¿eso afecta la capacidad de amar?  Quizá. Con la edad se encoge el corazón, por eso los errores que valen la pena son los que se cometen en la juventud.

Y sin embargo...


sábado, 16 de julio de 2016

Ideas que vienen a la mente

Cuando se dice la palabra diario muchos piensan en Ana Frank; yo pienso en Anais Nin.

(Desde luego, no estamos hablando del periódico).

viernes, 15 de julio de 2016

Recuerdo de otros diarios

No es la primera vez que inicio un diario. Los motivos para escribirlos han sido muchos, desde la más pragmática toma de notas hasta el inexplicable gusto de rayar un cuaderno bellísimo. Recuerdo que por el 2011 daba clases en una preparatoria y recopilaba las anécdotas en un Moleskine. La marca ha dejado de importarme, pero si me dan a elegir no me gusta apuntar en cualquier papel. Recuerdo también una bitácora de lecturas que comenzó con un texto de Jorge Volpi, transcrito de Oscuro bosque oscuro. Esa mañana compré el libro y pasé a tomarme un café en el Sanborns: no me levanté hasta concluir la lectura... El cuaderno tenía las pastas amarillas, no podía ser de otro modo.


Los cuadernos se han ido juntando y combinando con otros registros de lo cotidiano en blogs y redes sociales, donde no han faltado las palabras de amor... Pero creo haber encontrado por fin la clave, la razón, el por qué de esta insistencia: "Todo diario íntimo -escribió Juan Ramón Ribeyro el 29 de enero de 1954- surge de un agudo sentimiento de culpa. Parece que en él quisiéramos depositar muchas cosas que nos atormentan y cuyo peso se aligera por el solo hecho de confiarlas al cuaderno". También apuntó que todo diario íntimo es "un prodigio de hipocresía", "nace de la soledad", "es un síntoma de debilidad de carácter", "un problema capital" que jamás se resuelve, pero sobre todo, una escritura "desde la perspectiva temporal de la muerte".

Algún día apuntaré mis reflexiones al respecto.