Fue Marco Tulio quien me
recomendó que leyera a Fonseca. “Pensé que lo conocías -dijo-, escribes como
él. Tienes que leerlo, te va a gustar”.
Pienso que el gusto por la lectura, en general, y por la obra de un escritor o una escritora es resultado de un accidente afortunado. Por ejemplo, comencé a leer a Laura Restrepo porque un día me encontré con La multitud errante y las dos primeras líneas fueron suficientes para comprar el libro: “¿Cómo puedo yo decirle que nunca la va a encontrar, si ha gastado la vida buscándola?” Luego leí La novia oscura y quise leer más (hasta que su estilo comenzó a parecerse al de Saramago). ¿Quién podría predecir el feliz hallazgo? Otro ejemplo: Dafne desvanecida de José Carlos Somoza me encantó y me obligó a leer a Ovidio, pero quién podía anticipar la magia del libro que adquirí por $30.00 pesos en la mesa de saldos. La insoportable levedad del ser en un puesto de periódicos me llevó a La broma y El libro de la risa y el olvido, y Kundera me llevó a estudiar lingüística y literatura. Salvo excepciones, los títulos recomendados se agradecen, se disfrutan y se acomodan en el librero. La literatura de Rubem Fonseca es una de esas excepciones.
Me quedo con Ella y otras mujeres
porque fue el primero que leí, porque fue deslumbrante, porque era un momento
en el que pretendía inteligir lo incomprensible, trazar la cartografía del
misterio y palpar los confines del infinito; sus páginas estaban repletas de
símbolos que hacían sentido al contacto con mis ojos. El drama de habitar un mundo -plexo de contradicciones- se revelaba entonces entre un erotismo crudo, una violencia impúdica y un
desencanto natural. “En la cama no se habla de filosofía” es la oración que abre
y cierra el relato de dos páginas que da título al libro.
Ella respondió que Nietzsche dio que la misma palabra amor significa dos cosas diferentes para el hombre y para la mujer.Para la mujer, amor expresa renuncia, dádiva. En cambio el hombre quiere poseer a la mujer, tomarla, a fin de enriquecerse y reforzar su poder de existir.
Decir que escribo como él fue, es
y será un exceso. Cuando yo nací, él publicaba un cuento sobre la navidad que nada
tiene que ver con mensajes de paz y amor. Y mantuvo siempre esa vitalidad, esa pasión
cruel, esa precisión devastadora, esa mezcla exacta de ironía, humor negro y
mordacidad. Dueño de una prosa tan seductora como capaz de llevar al
estremecimiento, Rubem Fonseca decía en Amalgama que escribir
es urdir, tejer, zurcir palabras, no importa si es una receta médica o una pieza de ficción. La diferencia es que la ficción consume cuerpo y alma. La poesía también podrá incluirse aquí, si los poetas no tuvieran pacto con el diablo.El narrador mientras mejor es, peor le va, sufre más, después de algún tiempo no soporta el ahogo.
Me enteré, esta mañana, que ha
muerto, a los 94 años, en Río de Janeiro. La nota periodística se refiere a su
literatura con las siguientes palabras:
Las obras de Rubem Fonseca generalmente retratan, en estilo seco, áspero y directo, la lujuria sexual y la violencia humana, en un mundo donde marginales, asesinos, prostitutas, delegados y pobres miserables se mezclan.
Es correcto.
El próximo 11 de mayo hubiere
cumplido 95. No llegó.

