Hoy en el taller de redacción de
artículos académicos hablamos del blog. Cuando uno no está acostumbrado a
escribir hay que hacer dedos, tomar papel y lápiz o encender el ordenador para
expresar algo: lo que sea. Al principio cuesta trabajo, pero poco a poco las
ideas se van soltando, fluyen y, lo mejor de todo, comienzan a acomodarse.
Desde luego, es útil darse un tiempo para la preescritura: lectura de
documentos sobre el tema, elaboración de esquemas, diálogo con enterados...
Abrir un blog puede ayudar en estos casos.
En su libro Plataforma. Hazte oír en un mundo ruidoso, Michael Hyatt recomienda
tener un blog. “Claro -me dirán- ese libro es viejo, se publicó hace cuatro
años, actualmente ya casi nadie usa el blog. Los blogs han muerto”. No estoy
muy seguro: si bien las redes sociales han favorecido la brevedad y la
fugacidad de los textos, varios amigos han regresado a su condición de
blogueros, quizá porque a veces hace falta extenderse y desarrollar ideas.
Para muchos de nosotros –dice Hyatt-, el corazón de nuestra base de
operaciones es el blog, donde viven nuestras mejores ideas, el lugar donde
otros pueden comentarlas e interactuar con nosotros, el nexo de nuestra red
social.
Su recomendación incluye ocho pasos
para sacarle provecho: elegir un tema (diario personal, tema central, miscelánea),
elegir un servidor, establecer el blog, publicar la primera entrada, usar si se
requiere un software externo, adornarlo, promoverlo y sobre todo publicar
regularmente, ese es el reto. El blog demanda tiempo y exige ser constante.
Recuerdo mi primer blog: De lo pos a lo hipermoderno,
surgió como un apoyo a mi trabajo docente. Respetuoso como soy de los derechos
de autor no permito las fotocopias ni los archivos electrónicos, si no se
cuenta con la autorización para distribuirlos (lo cual nunca sucede). Así que
mis alumnos investigan, van a la biblioteca y comparten sus hallazgos, yo leo,
resumo, hago reseñas y de ese modo no nos saltamos las leyes. La cultura de la
legalidad se construye con hechos, no con discurso.
Luego vinieron otros: Bitácora de los días sin ti, Litoglosia y La musa capitalista
(actualmente cerrados) fueron una exploración poética de la distancia, el
silencio y la economía. Nadie
dibujó tu nombre al mío fue un blog sobre el suicidio cuya reflexión pasaba
por una historia de amor (alguien intentó apropiarse del texto y lo cerré,
algún día publicaré la versión original). Las favoritas del profe
incluye una serie de canciones que me gustan (hace mucho que no lo actualizo).
También abandonado se encuentra Mis puntos sobre las íes,
una serie de notas sobre redacción...
Los que se mantienen activos son El cuaderno amarillo con
algunas reflexiones serias, Mermelada
de piña, una parodia de consejos sobre administración de la calidad. Verano del 16 concluido por falta de
ideas y este ficcionario
diario que utilizo para que no se me olvide teclear. Se cuenta fácil pero
son ya más de diez blogs.