jueves, 16 de abril de 2020

Aniversario

El día de hoy, la oficina en que trabajo cumple diez años de haber sido creada. Una década (se dice fácil). Tres mil seiscientos cincuenta y tres días (contando los bisiestos) con una misión clara, un empeño cotidiano y un compromiso sostenido.

Por la emergencia sanitaria no pudimos celebrarlo como es debido. Y por la austeridad republicana. Y porque la memoria va perdiendo gradualmente importancia. Al final todo quedó en una mención en nuestras redes sociales.

Vale la pena decir que me incorporé al proyecto hace casi un lustro y en una de las primeras charlas con mi jefe le dije que se nos acercábamos a una fecha que deberíamos aprovechar para reinventarnos, para relanzar la marca y posicionarnos con nuevos productos. Me felicitó diciendo que así debía ser y que le daba gusto mi pensamiento estratégico.

Dadas las circunstancias, no hubo fiesta. Lo cual es medianamente lamentable porque seguimos siendo primates, afectos a los ritos y la risa en manada, o sea, somos seres eminentemente sociales y éste era un momento privilegiado para fortalecer nuestra identidad y nuestra cultura organizacional.

Cuando regresemos a la oficina deberemos -como imperativo y no como opción- reinventarnos para dar respuestas en un mundo nuevo. Mientras tanto, aproveché para enviar un mensaje de WhatsApp a mis compañeros de equipo, practicantes y prestadores de servicio social. El texto decía:
Felicidades por ser parte de esta historia. Construimos sobre los cimientos que dejaron quienes nos precedieron y hay que reconocer su mérito. Pero también es cierto (y no hay soberbia en ello) que en los últimos años se notó el cambio. Un buen cambio. Y esto no habría sido posible sin ustedes, sin su talento, sin la disposición para aprender y la generosidad para compartir, sin la voluntad de hacer las cosas bien. Gracias por ser y estar. Gracias por contribuir a un ambiente de trabajo plural y en gran medida armónico. Gracias por su aporte para que las experiencias exitosas de formación docente sucedan. Gracias por ponerle a todo empeño y mucho corazón, porque cuando tocamos la mente de nuestros usuarios, esa acción trasciende. Gracias, sobre todo, porque han demostrado en los hechos que el potencial del equipo supera por mucho las capacidades del mejor de sus miembros.
Ciertamente más valioso de este tiempo en la oficina ha sido la experiencia del trabajo en equipo, un extraordinario viaje del forming al performing, pasando por el storming y el norming. Aprendizaje en comunidad. Me queda claro que un equipo de alto desempeño se enfoca en los resultados y cuida sus relaciones interpersonales: más que un ejército, un equipo que crea valor es una familia que ante los problemas busca soluciones en vez de evadir responsabilidades.

Cómo no va a ser un privilegio convivir todos los días con gente que aporta ideas y realiza acciones concretas en vez de poner pretextos, que documenta lo hecho y sintetiza lo aprendido, que busca soluciones sin miedo a equivocarse. Cómo no va a ser un honor sentarse a la mesa con gente que sigue un método y genera evidencias de logro, que mantiene un ritmo de trabajo, que analiza los procesos para mejorarlos. Juntos mantenemos el entusiasmo y eso nos permite crear sinergia, identificar nuestro potencial, involucrarnos, crear conocimiento común y compartido, alcanzar las metas.

miércoles, 15 de abril de 2020

Nota triste (3)


Fue Marco Tulio quien me recomendó que leyera a Fonseca. “Pensé que lo conocías -dijo-, escribes como él. Tienes que leerlo, te va a gustar”.

Pienso que el gusto por la lectura, en general, y por la obra de un escritor o una escritora es resultado de un accidente afortunado. Por ejemplo, comencé a leer a Laura Restrepo porque un día me encontré con La multitud errante y las dos primeras líneas fueron suficientes para comprar el libro: “¿Cómo puedo yo decirle que nunca la va a encontrar, si ha gastado la vida buscándola?” Luego leí La novia oscura y quise leer más (hasta que su estilo comenzó a parecerse al de Saramago). ¿Quién podría predecir el feliz hallazgo? Otro ejemplo: Dafne desvanecida de José Carlos Somoza me encantó y me obligó a leer a Ovidio, pero quién podía anticipar la magia del libro que adquirí por $30.00 pesos en la mesa de saldos. La insoportable levedad del ser en un puesto de periódicos me llevó a La broma y El libro de la risa y el olvido, y Kundera me llevó a estudiar lingüística y literatura. Salvo excepciones, los títulos recomendados se agradecen, se disfrutan y se acomodan en el librero. La literatura de Rubem Fonseca es una de esas excepciones.

Me quedo con Ella y otras mujeres porque fue el primero que leí, porque fue deslumbrante, porque era un momento en el que pretendía inteligir lo incomprensible, trazar la cartografía del misterio y palpar los confines del infinito; sus páginas estaban repletas de símbolos que hacían sentido al contacto con mis ojos. El drama de habitar un mundo -plexo de contradicciones- se revelaba entonces entre un erotismo crudo, una violencia impúdica y un desencanto natural. “En la cama no se habla de filosofía” es la oración que abre y cierra el relato de dos páginas que da título al libro.
Ella respondió que Nietzsche dio que la misma palabra amor significa dos cosas diferentes para el hombre y para la mujer.Para la mujer, amor expresa renuncia, dádiva. En cambio el hombre quiere poseer a la mujer, tomarla, a fin de enriquecerse y reforzar su poder de existir.
Decir que escribo como él fue, es y será un exceso. Cuando yo nací, él publicaba un cuento sobre la navidad que nada tiene que ver con mensajes de paz y amor. Y mantuvo siempre esa vitalidad, esa pasión cruel, esa precisión devastadora, esa mezcla exacta de ironía, humor negro y mordacidad. Dueño de una prosa tan seductora como capaz de llevar al estremecimiento, Rubem Fonseca decía en Amalgama que escribir
es urdir, tejer, zurcir palabras, no importa si es una receta médica o una pieza de ficción. La diferencia es que la ficción consume cuerpo y alma. La poesía también podrá incluirse aquí, si los poetas no tuvieran pacto con el diablo.El narrador mientras mejor es, peor le va, sufre más, después de algún tiempo no soporta el ahogo.
Me enteré, esta mañana, que ha muerto, a los 94 años, en Río de Janeiro. La nota periodística se refiere a su literatura con las siguientes palabras:
Las obras de Rubem Fonseca generalmente retratan, en estilo seco, áspero y directo, la lujuria sexual y la violencia humana, en un mundo donde marginales, asesinos, prostitutas, delegados y pobres miserables se mezclan.
Es correcto.

El próximo 11 de mayo hubiere cumplido 95. No llegó.

domingo, 12 de abril de 2020

Carta a una joven

No venía preparado pero...

Me preguntas del amor cosas para las que no tengo respuestas, si las tuviera quizá ya habría publicado un libro sobre el tema y sería famoso. Iría por el mundo dando consejos en auditorios llenos. Y por supuesto, me tomaría fotos después de cada conferencia, firmaría libros y lo mejor de todo: le ahorraría sufrimiento a la gente. O por lo menos, los vería partir con la ilusión renovada y una sonrisa a cambio de su boleto.

Lejos de eso, te diré que el amor es un misterio al que hay que adentrarse para sentirlo y conocerlo. Un mar para disolverse. Un fuego en el que hay que arder...

Eso que se dice cuando se dice amor es tanto un impulso como una idea, o sea, hablamos neurotransmisores y hormonas -por supuesto- y también del discurso que da forma a la voluntad y el deseo transformándolos en cultura. Una manera de habitar el mundo. O cohabitar. Cuando decimos amor lo evocamos desde nuestro universo occidental (entendido como sistema de creencia y experiencias), cuando no apelando al amor cortés y la nostalgia medieval. Luego, al sentido originario y original se van añadiendo los miedos, los tropiezos, los sinsabores y, no pocas veces las frustración.

Entonces, para reconciliarse con el amor valdría la pena volver a los mitos en busca del sentido y la belleza de la pasión amorosa (pero antes del viaje es menester desprenderse de prejuicios, darse la oportunidad de revisar la vida con ojos nuevos, entender con las entrañas y sentir con todo el cerebro... de no hacerlo el vacío será abismal y la oscuridad negra oscuridad).

El amor es creer y crear. Descubrir y re-velar. Es vibrar en un tono trascendente donde se confunde la grandeza y miseria de lo humano, porque -a riesgo de sonar demasiado ontológico- el amor es totalidad. La dicha y el dolor que el amor conlleva depende de qué tanto se adentre uno en el misterio.

Pienso, ahora, que el amor es un destino que se elige decisión tras decisión. Y toda decisión importante es necesariamente personal e intransferible. Por ende no se puede culpar a nadie si las cosas salen bien o salen mal.

Ya iré abordando tus preguntas, una a una, a ver si les damos respuesta, por ahora digamos que enamorarse es un riesgo personal. Quien descubre-acepta-construye amor, lo hace libremente y con absoluta responsabilidad.