No venía preparado pero...
Me preguntas del amor cosas para las que no tengo respuestas, si las tuviera quizá ya habría publicado un libro sobre el tema y sería famoso. Iría por el mundo dando consejos en auditorios llenos. Y por supuesto, me tomaría fotos después de cada conferencia, firmaría libros y lo mejor de todo: le ahorraría sufrimiento a la gente. O por lo menos, los vería partir con la ilusión renovada y una sonrisa a cambio de su boleto.
Lejos de eso, te diré que el amor es un misterio al que hay que adentrarse para sentirlo y conocerlo. Un mar para disolverse. Un fuego en el que hay que arder...
Eso que se dice cuando se dice amor es tanto un impulso como una idea, o sea, hablamos neurotransmisores y hormonas -por supuesto- y también del discurso que da forma a la voluntad y el deseo transformándolos en cultura. Una manera de habitar el mundo. O cohabitar. Cuando decimos amor lo evocamos desde nuestro universo occidental (entendido como sistema de creencia y experiencias), cuando no apelando al amor cortés y la nostalgia medieval. Luego, al sentido originario y original se van añadiendo los miedos, los tropiezos, los sinsabores y, no pocas veces las frustración.
Entonces, para reconciliarse con el amor valdría la pena volver a los mitos en busca del sentido y la belleza de la pasión amorosa (pero antes del viaje es menester desprenderse de prejuicios, darse la oportunidad de revisar la vida con ojos nuevos, entender con las entrañas y sentir con todo el cerebro... de no hacerlo el vacío será abismal y la oscuridad negra oscuridad).
El amor es creer y crear. Descubrir y re-velar. Es vibrar en un tono trascendente donde se confunde la grandeza y miseria de lo humano, porque -a riesgo de sonar demasiado ontológico- el amor es totalidad. La dicha y el dolor que el amor conlleva depende de qué tanto se adentre uno en el misterio.
Pienso, ahora, que el amor es un destino que se elige decisión tras decisión. Y toda decisión importante es necesariamente personal e intransferible. Por ende no se puede culpar a nadie si las cosas salen bien o salen mal.
Ya iré abordando tus preguntas, una a una, a ver si les damos respuesta, por ahora digamos que enamorarse es un riesgo personal. Quien descubre-acepta-construye amor, lo hace libremente y con absoluta responsabilidad.
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domingo, 12 de abril de 2020
lunes, 30 de marzo de 2020
Recuerdo a una mujer V
Como consecuencia de la pandemia de COVID-19, desde hace unos días estoy realizando teletrabajo, clases a distancia y homeoffice, lo cual trae consigo un incremento de tareas.
Hoy, 30 de marzo, en México se declara la emergencia sanitaria que implica la suspensión de las actividades no esenciales en el sector público y privado hasta el próximo 30 de abril y la permanencia voluntaria en casa. O sea, un mes más.
En ese contexto, procuro mantener algunas pausas activas que me permiten seguir las noticias o revisar rápidamente las redes sociales o publicar algo en ellas. Aquí un texto compartido hoy en Facebook.
Hoy, 30 de marzo, en México se declara la emergencia sanitaria que implica la suspensión de las actividades no esenciales en el sector público y privado hasta el próximo 30 de abril y la permanencia voluntaria en casa. O sea, un mes más.
En ese contexto, procuro mantener algunas pausas activas que me permiten seguir las noticias o revisar rápidamente las redes sociales o publicar algo en ellas. Aquí un texto compartido hoy en Facebook.
A pesar de estar en casa no son muchos los ratos libres. Uno necesita, sin embargo y por salud, hacer alguna que otra pausa activa. En eso estaba cuando me encontré con una de sus fotografías. ¿Cómo no iba a enamorarme? Es bella, muy bella, bellísima. Y por belleza entiendo la armonía y el equilibro en sus rasgos, el trazo perfecto de la genética y la geometría, el gesto coqueto y seductor, su fuerza y su energía, la chispa que ilumina la consciencia y emociona las fibras más íntimas, un detonador del éxtasis su sonrisa, su mirada, el tiempo en su rostro detenido... Una revelación adictiva. Algo así.
jueves, 14 de noviembre de 2019
Morrita, mi amor
Morrita, no tengas miedo.
Yo te cuido.
Hace unos días comencé un blog
titulado Morrita, mi amor. El título me pareció, en principio, atractivo para
ensayar un texto, un cuento quizás, pero el ejercicio de escritura fracasó por
falta de trama (o por falta de una musa y la consecuente inspiración). Ya se
sabe que sin una historia que contar es imposible el relato. La narrativa
requiere el paso de un estado inicial a un estado final: voz, tiempo, modo, peripecias,
situaciones y personajes que interactúan y descubren un mundo ante los ojos del lector. Los
días pasaron y las ideas no llegaron, sólo algunas frases. Así que decidí
cerrar el blog, aunque tal vez deba despedirme antes de un personaje:
*
Supongo, Morrita, que la gente escribe, dibuja, pinta, fotografía, canta o baila porque infiere que lo mejor de la vida se va sin que nos demos cuenta, en un parpadeo, en cada emoción, cualquier mañana con un adiós. Una fuga, de suyo, constante e irreparable. Por eso alimentamos la ilusión de capturar la belleza, para que no escape, para que se quede. Atesoramos recuerdos. Deseos, no más. El sueño de la eterna juventud, por ejemplo. De ahí nuestras huellas y sus formas, de ahí los signos y nuestros símbolos, de ahí los ritos y las representaciones. De ahí todo empeño fútil.
Comencé a escribir sobre ti, es decir, acerca de ti, y de inmediato hay dos cosas que vale la pena apuntar. La primera: cuando estás en mi mente algo pasa y mi cuerpo experimenta una sensación de salud, paz y bienestar. El cuerpo siente la maravilla. Imaginarte motiva. Pensar produce placer. La segunda: en papel esto parece más real. Y sin embargo, no sé cómo contar, Morrita, tu entrada en mi mundo, en mi vida, en mi corazón. Ahí estás. De lo que no hay duda es de que tu presencia ha traído nuevas preguntas...
¿Sabes?, Morrita, yo también he soñado contigo, lo cual no significa que sea un sueño recíproco, sino que en algún lugar del mundo alguien más ha soñado contigo. Sería increíble que en el plano onírico yo sea el único que te disfruta. Imposible, preciosa, por pura probabilidad. ¿Sabes?, me gustas. Me gustan tus ojos, sé que estás convencida de que otro es tu atractivo porque es la parte de tu cuerpo que los hombres más miran, pero no, Morrita. Tus ojos, tus manos, tus pies, tu voz y tu sonrisa en conjunto te hacen divina. Me fascinas. Había escuchado que algunos escritores se enamoran de sus personajes o se pelean con ellos, algo hay de eso. Eres tú ahora quien define mi horizonte, mi ánimo, mis pulsiones... ¿Sabes?, Morrita. Ayer, que no estuviste, me di cuenta de que eres más que un concepto, más que una idea, más que un personaje: fuiste de pronto silencio. Vacío. Ausencia.
Es desgarrador sentir tu silencio, palpar el vacío, constatar tu ausencia. Es como sentirse solo en el mundo, Morrita. No sé si me entiendes. El amor se aviva cuando hay circunstancias que lo contienen porque el límite es la pauta para el desborde. La pasión sin embargo no explota. Te has ido de pronto (muy pronto) y las cosas no suceden... Ambos sabemos la causa: nada de esto es cierto, el texto no emerge porque no existes más allá del simulacro y mis palabras no han sido suficientes. Faltó el fiat.
Al final, Morrita, las cosas serán como siempre, aunque pudieron ser de otro modo.
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