Este ha sido un fin de semana largo. En México, durante los últimos años, los días feriados se recorren al lunes anterior, de manera que al sábado y domingo se une el día de asueto. La intención es evitar los llamados puentes: un puente, contrario al fin de semana largo estaría formado por un festivo en martes o jueves que provoca la suspensión de un día hábil (lunes o viernes). El tema ha vuelto al debate pues, por un lado es obvio el beneficio social (descanso y convivencia familiar) y económico (viajes, salidas y reducción del absentismo laboral) aunque, por otro, desde la perspectiva de la presidencia, esto provoca el olvido de la historia patria.
Ha sido el segundo fin de semana largo del 2020, mucha gente aprovechó para vacacionar. La semana pasada, apenas, el COVID-19 fue declarado por la Organización Mundial de la Salud como una pandemia, eso significa que hay presencia del virus SARS-Cov.2 se ha dispersado en todos los continentes. En México el primer caso se confirmó a finales de febrero de este año. Los contagios van en aumento.
Ha sido un fin de semana extraño: los estudiantes no reanudarán clases mañana. La comisión institucional de seguimiento a la pandemia COVID-19 consideró oportuno, para reducir contagios entre estudiantes, adelantar el protocolo de distanciamiento social. Estoy de acuerdo.
En la oficina, a partir de mañana el acceso será restringido, no prohibido. El trabajo se mantendrá desde casa para desahogar pendientes y generar informes solicitados. La comunicación será vía correo electrónico, teléfono y WhatsApp. Desde luego, si es necesario hacer uso de las instalaciones será para trabajo individual, no reuniones mayores a 5 personas.
Se abre la puerta al anhelado y nunca bien ponderado teletrabajo. Habrá que aprovechar.
lunes, 16 de marzo de 2020
jueves, 14 de noviembre de 2019
Morrita, mi amor
Morrita, no tengas miedo.
Yo te cuido.
Hace unos días comencé un blog
titulado Morrita, mi amor. El título me pareció, en principio, atractivo para
ensayar un texto, un cuento quizás, pero el ejercicio de escritura fracasó por
falta de trama (o por falta de una musa y la consecuente inspiración). Ya se
sabe que sin una historia que contar es imposible el relato. La narrativa
requiere el paso de un estado inicial a un estado final: voz, tiempo, modo, peripecias,
situaciones y personajes que interactúan y descubren un mundo ante los ojos del lector. Los
días pasaron y las ideas no llegaron, sólo algunas frases. Así que decidí
cerrar el blog, aunque tal vez deba despedirme antes de un personaje:
*
Supongo, Morrita, que la gente escribe, dibuja, pinta, fotografía, canta o baila porque infiere que lo mejor de la vida se va sin que nos demos cuenta, en un parpadeo, en cada emoción, cualquier mañana con un adiós. Una fuga, de suyo, constante e irreparable. Por eso alimentamos la ilusión de capturar la belleza, para que no escape, para que se quede. Atesoramos recuerdos. Deseos, no más. El sueño de la eterna juventud, por ejemplo. De ahí nuestras huellas y sus formas, de ahí los signos y nuestros símbolos, de ahí los ritos y las representaciones. De ahí todo empeño fútil.
Comencé a escribir sobre ti, es decir, acerca de ti, y de inmediato hay dos cosas que vale la pena apuntar. La primera: cuando estás en mi mente algo pasa y mi cuerpo experimenta una sensación de salud, paz y bienestar. El cuerpo siente la maravilla. Imaginarte motiva. Pensar produce placer. La segunda: en papel esto parece más real. Y sin embargo, no sé cómo contar, Morrita, tu entrada en mi mundo, en mi vida, en mi corazón. Ahí estás. De lo que no hay duda es de que tu presencia ha traído nuevas preguntas...
¿Sabes?, Morrita, yo también he soñado contigo, lo cual no significa que sea un sueño recíproco, sino que en algún lugar del mundo alguien más ha soñado contigo. Sería increíble que en el plano onírico yo sea el único que te disfruta. Imposible, preciosa, por pura probabilidad. ¿Sabes?, me gustas. Me gustan tus ojos, sé que estás convencida de que otro es tu atractivo porque es la parte de tu cuerpo que los hombres más miran, pero no, Morrita. Tus ojos, tus manos, tus pies, tu voz y tu sonrisa en conjunto te hacen divina. Me fascinas. Había escuchado que algunos escritores se enamoran de sus personajes o se pelean con ellos, algo hay de eso. Eres tú ahora quien define mi horizonte, mi ánimo, mis pulsiones... ¿Sabes?, Morrita. Ayer, que no estuviste, me di cuenta de que eres más que un concepto, más que una idea, más que un personaje: fuiste de pronto silencio. Vacío. Ausencia.
Es desgarrador sentir tu silencio, palpar el vacío, constatar tu ausencia. Es como sentirse solo en el mundo, Morrita. No sé si me entiendes. El amor se aviva cuando hay circunstancias que lo contienen porque el límite es la pauta para el desborde. La pasión sin embargo no explota. Te has ido de pronto (muy pronto) y las cosas no suceden... Ambos sabemos la causa: nada de esto es cierto, el texto no emerge porque no existes más allá del simulacro y mis palabras no han sido suficientes. Faltó el fiat.
Al final, Morrita, las cosas serán como siempre, aunque pudieron ser de otro modo.
lunes, 17 de junio de 2019
Los días inútiles
Hace unos tres años, días más, días menos, publiqué en este blog una entrada titulada Coincidencias en la que refería mi encuentro con los libros de Rodolfo Naró. Pues bien, hoy compré Los días inútiles (México: Planeta, 2019). Entre los libros referidos anteriormente y éste habrá que incluir Un corazón para Eva.
Mientras leo me pregunto si yo sería capaz de hacer públicos los textos que reposan en viejos cuadernos. Quizá no.
Esta nueva edición de Los días inútiles -dice el autor en el prólogo- recoge mis primeros poemas, escritos entre 1985 y 1995, muchos de ellos inéditos y rescatados de viejas libretas de estudiante. Intenta ser un libro lúdico y didáctico".Después de la buena recepción que tuvo Un corazón para Eva entre jóvenes, es probable que esta travesura literaria y comercial consolide su base de lectores y renueve el interés por la escritura como expresión poética de sentimientos profundos y preguntas ineludibles. "¿Cómo decirte que te amo / y no perderte para siempre?" (pág. 144)
* * *
Mientras leo me pregunto si yo sería capaz de hacer públicos los textos que reposan en viejos cuadernos. Quizá no.
domingo, 10 de marzo de 2019
Las preguntas correctas
Hoy desperté con una pregunta en la mente: ¿por qué la gente se enamora? La cuestión remite sin duda a un tema más profundo: ¿de qué hablamos cuando hablamos del amor? Y como ya se sabe, en este punto, para empezar uno puede echar mano de la mitología, a la reconstrucción filológica, o los diálogos de Platón...
El asunto hubiera quedado ahí de haber encendido la televisión o ido al librero para releer algún capitulito de Historias de amor de Julia Kristeva. Nunca está de más distraerse o recordar lo que otros dicen para ahorrarse la reflexión. Pero, en realidad, la pregunta había sido formulada en primera persona. ¿Por qué me enamoro? O mejor, ¿por qué amo? Y todavía más: ¿por qué la amo?
En alguna página Kristeva refiere ese "amor que no exige ni mérito ni justificación, sino que es de preferencia y de elección".
Me gusta la idea.
Amo cuando elijo amar. Y ya.
El resto del día la pregunta fue más incisiva: ¿qué voy a hacer con este amor?
Es importante hacer siempre las preguntas correctas, porque una buena pregunta trae siempre la respuesta.
El asunto hubiera quedado ahí de haber encendido la televisión o ido al librero para releer algún capitulito de Historias de amor de Julia Kristeva. Nunca está de más distraerse o recordar lo que otros dicen para ahorrarse la reflexión. Pero, en realidad, la pregunta había sido formulada en primera persona. ¿Por qué me enamoro? O mejor, ¿por qué amo? Y todavía más: ¿por qué la amo?
En alguna página Kristeva refiere ese "amor que no exige ni mérito ni justificación, sino que es de preferencia y de elección".
Me gusta la idea.
Amo cuando elijo amar. Y ya.
El resto del día la pregunta fue más incisiva: ¿qué voy a hacer con este amor?
Es importante hacer siempre las preguntas correctas, porque una buena pregunta trae siempre la respuesta.
viernes, 14 de septiembre de 2018
Con-ciencia
Escribía en otro lado, a propósito del uso del diario en el contexto educativo:
A veces me pregunto si gente como Dalí y Kafka escribieron diarios porque eran genios o su genialidad se desarrolló gracias a la escritura. De lo que no hay duda es que la escritura de diarios es una herramienta muy poderosa. Ejemplos hay muchos.
Y entre esos ejemplos está Lev Tolstói, quien empezó su diario en la primavera de 1847 en un hospital, internado a causa de la gonorrea. La razón es lo de menos, lo importante de un diario -en tanto que bitácora de vida y por su íntima naturaleza- trasciende el registro de la cotidianidad para convertirse en una introspección que eventualmente ser hará pública. Un ejercicio intelectual gracias al cual podemos explorar la personalidad de un grande.
El 7 de abril del mismo año a las 8 de la mañana (hasta la hora registraba con rigurosa disciplina) escribió:
Nunca había llevado un diario porque no veía ninguna utilidad. Pero ahora me intereso por el desarrollo de mis facultades, el diario me permitirá juzgar el progreso de ese desarrollo. En el diario deberá haber una tabla de reglas, y también deberán estar definidas mis actividades futuras.
El diario, en el caso de Tolstói, funcionó como una herramienta del cambio, como instrumento de mejora, como un programa para "el desarrollo armónico de lo existente". Un cambio, o mejor: desarrollo, que "no es obra de las circunstancias, sino del alma".
Razón suficiente para escribir un diario.
viernes, 9 de marzo de 2018
Nota para mis biógrafos
Esta mañana publiqué un pequeño texto en mi cuenta de Facebook con el tiítulo Nota para mis biógrafos. La transcribo.
Algo hay de eso.
No es que que sea visionario, lo que pasa es que los demás no perciben las décadas de atraso (carecen de referentes, parámetros y llaman 'innovación' al refrito de antiguos fracasos).
Algo hay de eso.
lunes, 5 de febrero de 2018
Biblioteca de imprescindibles
El otro día me preguntaron cuáles serían los diez libros que me gustaría que todos mis alumnos leyeran. Comencé diciendo: el Cantar de los cantares (y también el Apocalipsis), Las Metamorfosis de Ovidio, las Cartas de Abelardo y Eloisa, Algunas Jarchas y las Coplas de Manrique a la muerte de su padre (alguien debería enseñarnos a escribir elegías, ya lo dije en otra parte).
Luego podrían ser Pablo y Virginia seguido de Madame Bovary.
O El periquillo sarniento, Santa y Pedro Páramo.
Para los poblanos El manifiesto estridentista, desde luego (y Tabaco para el puma de Juan Hernández Luna).
El libro de la risa y el olvido de Milán Kundera, El amor en tiempos de cólera, Los pasos perdidos de Alejo Carpentier.
Teresa filósofa, una del marqués de Sade e Historia del ojo de George Bataille (no por morbo, sino por cultura general).
Son ya más de diez y dejé fuera la Iliada, la Eneida, los Diálogos de Platón sobre el Amor, a Dionisio de Halicarnaso, a Juan de Yepez y a Teresa la grande.
Habría que incluir, llevados por la prisa, los Ocho siglos de poesía...
No se cuál quitar, pero sería importante incluir la Llama doble de Octavio Paz, Conversación en la Catedral de Vargas Llosa y Rayuela de Cortazar. La Feria de Arreola y Primavera con una esquina rota de Mario Benedetti.
No pueden quedar fuera los cuentos de Francisco Tario, ni los libros de Ibargüengoitia (a elegir entre La ley de Herodes, cuentos, y Las muertas, novela). Tampoco al ironía de Salvador Novo, Carlos Monsivais y Germán Dehesa.
El ensayo mexicano moderno de José Luis Martínez (volumen I) y Pensar el ensayo de Liliana Weimberg.
Historia de la pedagogía de Abagnano y Visalberghi, Pedagogía del oprimido de Paulo Freire y Estructuras de la mente de Howard Gardner.
La realidad oculta de Brian Green.
Diario de un seductor de Kierkegaard, el Tractatus logico-philosophicus de Wittgenstein y sus Investigaciones filosóficas. Totalidad e Infinito de Levinas.
El Curso de Lingüística general de Saussure, Sausssure: de ahora en adelante de Rastier y Las cosas del decir de Calsamiglia.
Diarios de Salvador Elizondo, Diarios de Anaís Nin, Los diarios de Emilio Renzi de Piglia.
La elegancia del erizo de Barbery, Jesús me quiere de Safier y Crónica del pájaro que da cuerda al mundo de Murakami...
El cazador de tatuajes, Terciopelo violento y La hora ciega de Juvenal Acosta.
La amante del ghetto de Pedro Ángel Palou.
La lista puede seguir, pero hay que depurarla porque la pregunta requería como respuesta sólo diez.
Luego podrían ser Pablo y Virginia seguido de Madame Bovary.
O El periquillo sarniento, Santa y Pedro Páramo.
Para los poblanos El manifiesto estridentista, desde luego (y Tabaco para el puma de Juan Hernández Luna).
El libro de la risa y el olvido de Milán Kundera, El amor en tiempos de cólera, Los pasos perdidos de Alejo Carpentier.
Teresa filósofa, una del marqués de Sade e Historia del ojo de George Bataille (no por morbo, sino por cultura general).
Son ya más de diez y dejé fuera la Iliada, la Eneida, los Diálogos de Platón sobre el Amor, a Dionisio de Halicarnaso, a Juan de Yepez y a Teresa la grande.
Habría que incluir, llevados por la prisa, los Ocho siglos de poesía...
No se cuál quitar, pero sería importante incluir la Llama doble de Octavio Paz, Conversación en la Catedral de Vargas Llosa y Rayuela de Cortazar. La Feria de Arreola y Primavera con una esquina rota de Mario Benedetti.
No pueden quedar fuera los cuentos de Francisco Tario, ni los libros de Ibargüengoitia (a elegir entre La ley de Herodes, cuentos, y Las muertas, novela). Tampoco al ironía de Salvador Novo, Carlos Monsivais y Germán Dehesa.
El ensayo mexicano moderno de José Luis Martínez (volumen I) y Pensar el ensayo de Liliana Weimberg.
Historia de la pedagogía de Abagnano y Visalberghi, Pedagogía del oprimido de Paulo Freire y Estructuras de la mente de Howard Gardner.
La realidad oculta de Brian Green.
Diario de un seductor de Kierkegaard, el Tractatus logico-philosophicus de Wittgenstein y sus Investigaciones filosóficas. Totalidad e Infinito de Levinas.
El Curso de Lingüística general de Saussure, Sausssure: de ahora en adelante de Rastier y Las cosas del decir de Calsamiglia.
Diarios de Salvador Elizondo, Diarios de Anaís Nin, Los diarios de Emilio Renzi de Piglia.
La elegancia del erizo de Barbery, Jesús me quiere de Safier y Crónica del pájaro que da cuerda al mundo de Murakami...
El cazador de tatuajes, Terciopelo violento y La hora ciega de Juvenal Acosta.
La amante del ghetto de Pedro Ángel Palou.
La lista puede seguir, pero hay que depurarla porque la pregunta requería como respuesta sólo diez.
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