Recuerdo a una mujer. Recuerdo su piel blanca y sus ojos negros. Recuerdo que una mañana, hace mucho tiempo, conversábamos y de pronto puso en su mano un poco de Miguelito (una mezcla de chile en polvo y azucar), la acercó a su boca y la lamió.
-¿Quieres? -me preguntó extendiendo la mano.
Dije que no.
Hará de eso unos cuarenta años. Si la memoria no me falla, ella estaba en primero de kinder y yo en preescolar.
Esa tarde llegué a casa y le dije a mi madre que me casaría cuando cumpliera veinticuatro años.
Recuerdo a esa mujer. Recuerdo sus ojos negros mirándome mientras lamía su mano.
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